Nadie debería hablar nunca de algo que no conoce.
Esa es mi primera conclusión seria sobre lo que, en la noche de hoy, ha sucedido. Puede ser que sea el único que haya sentido eso. Puede ser que para todo el que me rodeaba hoy haya sido esta una noche normal y corriente, pero hoy vuelvo en el coche acompañado, aunque ninguna de las cuatro plazas estén ocupadas.
Hoy puedo decir que me he estrenado, puedo decir que he cumplido uno de mis sueños, una de mis promesas.
En la noche de hoy el capataz llamó a mi hombro, hice mi primera chicotá con la pesada carga de seis años de espera. Mientras que paseaba mis ilusiones he podido ver a través de los respiraderos las caras de ilusión que reflejaban la mía propia. He llegado a mi Catedral con los nervios a flor de piel, y un tibio pulgar se deslizaba por mi trabajo mientras que los santos del cielo me suplicaban a mi que dejara de rezar. A mitad de recorrido he sentido que las piernas no respondían, pero eso me ha ayudado a aprender lo que significa ser parte de una cuadrilla. Es mirar atrás y sentir que tiran de ti, cuando tu no puedes mas, cuando tu ni siquiera te crees que has subido ese escalón. Ellos están ahí para fijarte, para vestirte, para animarte. Sus caras reflejan los nervios que tu estas sintiendo, y ver eso en gente con tantas tablas, es lo mas grande que me ha podido pasar esta noche. Ver el respeto que puede tener alguien que no ha jurado regla por el cristo al que tu le agradeces cada día ser lo que eres, sabiendo decir que no cuando uno es sincero con uno mismo, hace que lo que empezaba a ser amistad se convierta en idolatría. Saber que hoy estaría desnudo de no ser por vosotros me dice que ser costalero es algo mas que lo que hoy mismo he criticado.
Por eso mismo he comenzado este post con esa frase. Hoy he sentido los kilos sin ni siquiera meterme, hoy me he emocionado cuando he vuelto a casa y he visto que lo que tantos años llevo sintiendo ha sido correspondido. Hoy he ganado mucho, aunque este Jueves Santo vuelva a vestir mi túnica. Si esto es así es porque ellos dos así lo quieren, aunque ya deben de saber que no se puede tener mas ganas de pasearlos que las que tengo yo, desde hace mucho.
Hoy muchos años de espera se vuelven decepcionados a casa, pero el incrédulo vuelve costalero, sin ni siquiera haber tocado el palo. Y todo, gracias a vosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario