martes, 21 de febrero de 2012

La verdadera importancia de las cosas.

Nada de lo que vivimos tiene la misma importancia para todos. Eso nos hace únicos e inigualables.

Esa es la conclusión que saco y que creo que tendré en cuenta el resto de mi vida visto lo visto, sabiendo ya, a estas alturas como funcionan las cosas importantes para mi.

Un simple concierto puede hacer que estimules tus sentidos, tus conocimientos, o que enriquezcas a tu persona con una experiencia única. Pero nada te hará mas rico que llegar a una conclusión importante a través de una reflexión personal. Esto ocurre cuando este concierto tiene como reclamo la invitación del mas grande de los flamencos en estos tiempos que corren. Del nombre entre los nombres, de la voz que nos llega con mas facilidad si uno enciende la radio. Es entonces cuando uno crea unas expectativas, cuando uno se engaña a si mismo y va a un concierto a ganarse el derecho a decir que "ha visto cantar a Miguel Poveda". Esa banalidades son cosa común hoy en día y yo he caído como uno mas.

Pero llega la grandeza de sentirse persona sobre todas las cosas. Llega el momento en el que el Nombre deja paso al Hombre. Bueno, al Hombre y a la Mujer. Uno se encierra en un teatro buscando algo superficial y termina dándose un baño en la realidad. Por un momento todo pierde importancia, todo se olvida. Una silueta con bata de cola aparece. Se dirige hacia otra pequeña gran silueta. Aquí no hay voces ni taconeo, solo veo a dos ejemplos de fortaleza. Su simple presencia humaniza cada rincón del Teatro. Se olvida la magistral versión de "La leyenda del tiempo" por un rezo a Santa Rita que pone en pié a todos los bellos de mi cuerpo. El compás que acompaña parece poner en orden mis prioridades a la vez que no me permite dejar de sonreír mientras encuentro la verdadera importancia de las cosas. Esa realidad me hace cabrearme conmigo mismo por no luchar, a veces, cada segundo por lo que en verdad me hace sentirme completo, porque los que me rodean busquen problemas donde solo hay alegrías, por haber sido tan superficial de buscar en "El grande entre los grandes" solo una voz y no preguntarme en ningún momento como un artista de esa categoría lo deja todo por ir a Utrera a cantar junto a dos grandes personas. En ese momento se humaniza todo mas aún, no veo solo a un grande, veo a alguien que se preocupa por dos personas que lo merecen todo.


Perdónenme los dos grandes señores que aparecen en la foto anterior pero estas ultimas palabras irán para ella. Carmen, no sabes la lección que nos diste a todos con el simple hecho de verte vestir tu bata y tus zapatos. 

Desde el momento en que te vi allí subida supe que yo solo estaba viviendo lo que se suponía que me tocaba vivir. Conocer a gente como tu, tu esposo Rafael y tus hijos, Rafa y Juan Carlos, me hace tener la oportunidad de pensarme las cosas un par de veces mas de lo que normalmente lo hago, y en esas dos veces tengo tiempo de acordarme de gente como vosotros, que vive queriendo y luchando por lo que les hace disfrutar. Sois grandes y habéis repartido mucho mas que arte en ese teatro. Gracias.

Pero no acaba aquí la experiencia que me hace darle a cada cosa la importancia que merece.

Como ya sabéis, uno de mis hermanos se fracturó tibia y peroné en el mes de Junio de 2011. Eso le hizo pasar uno de sus peores veranos (ya que el muchacho es un rabo de lagartija). Os recuerdo una de las publicaciones de este blog para refrescaros la memoria.

Pues bien, este viernes, cuando iba con la madre que me parió en el coche, recibí una llamada del padre que me parió. El tono de su voz hacia adivinar que eran buenas noticias las que él tenia para nosotros. Mi hermano volvía a entrar en una convocatoria muchos meses después. Y lo hacía por la puerta grande, en la máxima categoría a la que un muchacho de su edad puede aspirar. La alegría no me dejaba pensar.
Al día siguiente, y con la mala fortuna de coincidir con el partido que disputaba mi otro hermano, volvería a jugar al fútbol en su campo, el que fue el mío y el de su hermano. Era su día y había que celebrarlo como tal. Todos su compañeros y allegados lo sabían y se lo hicieron saber.





Fueron tantos los nervios de los allí presentes que no atinamos a grabar al completo el evento, aunque no importa, porque ya estará por siempre en nuestro recuerdo el día en que Javi se dio cuenta de que todo lo que se quiere conseguir, se puede conseguir.

Pero no queda aquí mi reflexión. Minutos después de este partido se disputaba otro en el Estadio Ramón Sanchez-Pizjuan. Un partido de liga normal y corriente, aunque para mi un partido del Sevilla no sea nunca normal y corriente. Este día fue diferente. Me había pegado un atracón de fútbol en estado puro. Había visto pocos minutos antes como este deporte hacia llorar de alegría a un padre, como levantaba los sentimientos mas sinceros en unos compañeros, y como la felicidad de alguien nos hacía olvidar por unos segundos la cantidad de estupideces que en muchos momentos rodean un deporte tan maravilloso como el fútbol.

Ni Kanouté podía darme la mitad de lo que mi hermano me dio aquella tarde. Y pongo de ejemplo al africano porque él me ha dado mucho como sevillista, pero nada de eso que él me dio me hacia sonreir como  "el 21" del Nervión lo hizo cuando salió del vestuario y me dijo con su mirada "lo he conseguido Tato".

Solo quiero que reflexionemos sobre la importancia que le damos a las cosas, sobre los fanatismos que nos mueven en muchos momentos y sobre lo que realmente nos hace felices. No niego que Miguel Poveda y Kanouté sean grandes persona siendo grandes profesionales, lo que intento explicar es que tenemos historias cerca nuestra, de gente que nos quiere y nos necesita. Historias en las que podemos participar, en las que podemos decidir, en las que podemos sentirnos identificados. 

Claro que voy a seguir teniendo referentes conocidos por miles de personas, pero prefiero darle la importancia que merecen a los Héroes Anónimos que veo cada día.

Sin vosotros la vida no tiene gracia ninguna.