miércoles, 10 de noviembre de 2010

Con una sobremesa como pupitre

Una de tantas noches en las que termina un largo día en el centro neurálgico de mi casa. Una cena cualquiera, da igual si son boquerones, filetes de pollo o pizza de Casa Tarradellas. Es en ese momento cuando comienza a aparecer trozos de mi vida, de lo que he sido, lo que soy y lo que quiero ser. En ese mágico instante los cuchillos se vuelven lapices alpino, las servilletas son folios, la pizarra es el frigo y comienza la clase. Aunque en este caso no espero con desesperación la sirena que me libre de cualquier lección de Sociales, Matemáticas o Lengua.

En días como hoy la lección que aprendo es de las que uno no se cansa de estudiar. La que le enseña a uno el camino que su vida lleva, la que te hace acostarte sonriendo con el maravilloso premio de una conciencia tranquila, la que te hace entender que la falta de lecciones como esta hace de este mundo un sitio cada vez mas falso, superficial e insignificante.

En noches como esta encuentro respuesta para tanta gente que ha llegado a preguntarme "Pero, ¿como puedes ser así?".

Pues mire usted, yo soy como soy(sea para bien o para mal) por haberme matriculado involuntariamente en un Máster Propio de La Cocina de mi Casa. Por haber tenido el privilegio de que dos catedráticos de la vida me hayan enseñado todo lo que sé. Por haber trabajado codo a codo con compañeros de esta particular clase y haber aprendido a reírme y discutir con ellos. Por haber aprendido a valorar llantos y carcajadas descontroladas. De todo esto vengo yo y cuidado que poca gente puede incluir esta prestigiosa Universidad en su curriculum.

¿Qué seria un buen trabajo después de haberme hecho hombre en una cocina, con platos vacíos y migas de pan sobre la mesa? Pues al igual que con el insignificante futuro profesional que me hace agobiarme a veces, no lo tendría claro. No sabría si mi trabajo ideal seria seguir estando disponible para cualquiera las veinticuatro horas del día o si sería el de disfrutar de las espectaculares muestras de cariño que aparecen de la gente que cuenta conmigo. Creo que voy a elegir el incomparable trabajo de hacer sentirse orgulloso de mi a todo el que me conoce. Puede que empiece siendo un empleaducho, pero prometo que pronto seré el máximo accionista de la empresa.

Pero antes de esto, creo que voy a dejarme alguna para Septiembre, porque no quiero dejar de crecer al mismo tiempo que se vacían los platos.

Algún día espero ser tan buen Rector como vosotros lo habéis sido conmigo.

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